Con cálidos y ansiosos deseos de tenernos,
sorbimos del meloso néctar de nuestra piel
y ante la ferviente ensoñación de poseernos
nos ha cubierto un halo de mieles e ilusión.

Restamos importancia a los propios anhelos
por saciar los detalles de los afanes ajenos
y fuimos internando los pasos en la selva
de esta profunda entrega que Orfeo nos brindó.

Tu has hecho que mi cuerpo se estremezca horadado
por tus lascivos besos, de un mirífico albor.
Bebiendo del cáliz de tu boca; mi boca,
siente que es el mismo cáliz en que se posa tu flor.

Tu has hecho que mi mundo se arrodille a tus besos,
que no me importe el cielo, ni que se apague este sol,
que no existan los mares, ni las lluvias de estrellas,
que sólo importe tu vida, si es que tengo tu amor.

Es la fecunda quimera de nuestra forma de amar.-

                  Sergio g. Fiorotto